La vida como trampa. Paralelismos y ficciones.

Subir una montaña debería ser un gesto heroico por el esfuerzo que conlleva tal gesta. En cambio nos encontramos ante una acción vacía, incluso absurda, frívola, pero eso sí, llena de contenido.

¿Que es el contenido sino una justificación para salvarnos de lo absurdo de la vida? Buscamos...no sabemos muy bien, aunque siempre nos satisface justificarlo. Nos sentimos más completos. Nos proporciona un cierto equilibrio saber que hemos convertido en consciente un aspecto inconsciente. Unas veces complicamos las cosas, otras, vamos de lo complejo a lo simple. Less is more reza el mantra. Parece que el tiempo no me de otra opción que la reduccionista, con los peligros y riesgos que conlleva. No siempre es fácil quitar. Se precisa de entrenamiento mental y músculo. Observación y roce.

Cuando subo una montaña descubro que al llegar arriba no hay nada más que el fin, la limitación de una proyección mental. Ese fin, esa construcción vulnerable, se trata de una ficción para dejar de pisar suelo firme y, que a fuerza de razón me obliga a regresar a él, al haber cerrado un deseo insatisfecho. Punto y aparte. Amén.

Siempre habrá picos más altos. La naturaleza ya se ha encargado de limitarnos el acceso con los ochomiles, reservados a unos privilegiados que han decidido sacrificar su existencia en esa necesidad por llegar a nuestra meta, la suya. ¿Que se vive al llegar arriba? El proceso.

Eso es sin más, la vida abajo y, arriba de la montaña.

Rubén M. Riera  06/2015





Los que llegan arriba descubren que no hay arriba. 2014
Esferas de poliespan, pintura acrílica sobre tela y cinta de amarre con tensor. 110x65 cm.





Photo:  Rubén M. Riera










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